sábado, 28 de marzo de 2015

Yum Kax, el sembrador

Yum Kax, the Sower
Yum Kax, the Sower

YUM KAX, EL SEMBRADOR -ECOLECCIONES DEL SUELO-
Autor del texto e ilustraciones: Rolando Tamayo Rodríguez

Derechos Reservados © 2007, Rolando Tamayo Rodríguez.

Queda estrictamente prohibida, sin autorización escrita del titular del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento.



¿Qué es el suelo?
Una joya sobre la Tierra

Pedro era un muchacho a quien le gustaba mucho visitar las ruinas de las pirámides. Un día, motivado por la curiosidad, removió algunos escombros y encontró un pequeño colgante. Al notar su belleza y que parecía ser de oro, no resistió la tentación de guardarlo dentro de su mochila para llevárselo.

Poco tiempo después, justo cuando salía de aquel sitio, escuchó una voz que decía:

—Pedro, ¿no olvidas algo?

—¿Quién es? —exclamó Pedro, sorprendido.

—Somos Kan y Koy —se oyó al momento en que aparecían dos extraños y simpáticos personajes de baja estatura—. Formamos parte de los karakoes y somos los guardianes de Nuestra Madre Tierra.

—Yo me encargo de cuidar los suelos —dijo Kan, la víbora de cascabel.

—Y yo protejo los sitios arqueológicos —agregó Koy, el mono araña—. Por eso te invito a que devuelvas la joya que te llevas al lugar de donde la tomaste.

—Pero ¿cómo supieron, si nadie me vio? —dijo extrañado Pedro.

—Tenemos la facultad de leer los pensamientos; pero no te preocupes, sabemos que, aunque un poco rebelde, eres buena persona —contestaron los karakoes.

—¡Yo la encontré y no pienso devolverla! —enfatizó Pedro en tono retador.

Los karakoes tenían suficientes poderes para quitarle fácilmente la figurilla a Pedro, pero prefirieron convencerlo de una mejor manera. Entonces, le dijeron:

—Oye, Pedro, ¿qué te parece si devuelves el colgante a su lugar y a cambio te mostramos un tesoro mucho más grande y valioso?

Al escuchar esto, Pedro pensó: “No creo que haya nada mejor por aquí”, y confiado, aceptó:

—Está bien, sólo si me enseñan dónde hay un tesoro más grande, regresaré la joya.

Entonces, los karakoes le dijeron que antes era necesario conocer bien a Lu’um, el suelo o tierra, ¡pues ahí se encuentran grandes tesoros ocultos!

—La palabra “suelo” proviene del latín solum, que significa piso o terreno —comenzó a explicar Kan—. Lu’um, el suelo, es la cubierta superficial de la Tierra, compuesta por partículas sueltas de materia orgánica e inorgánica (parte sólida), agua (parte líquida) y aire (parte gaseosa).

—¿El suelo también tiene agua y aire? —preguntó extrañado Pedro.

—Así es —afirmó Kan—. Un suelo fértil, que es donde puede crecer la mayoría de las plantas, está compuesto por 25% de agua, 25% de aire, 5% de materia orgánica y 45% de materia inorgánica.

—¿Podrías explicarme cómo son estos componentes? —solicitó Pedro.

—¡Claro! —dijo Kan—. La materia orgánica del suelo, como el humus o tierra orgánica, proviene de los residuos de plantas y animales. El humus es materia orgánica descompuesta, o sea, cualquier sustancia vegetal o animal muerta que ha sido transformada por los organismos del suelo. Por ejemplo, cuando cae una hoja o muere un animal, muchos organismos que viven en el suelo, como hongos y bacterias, se alimentan de ella y la convierten en humus, el cual tiene color oscuro y olor a tierra húmeda muy agradable.

—Pero en el suelo también hay materia orgánica que todavía no es humus, como hojas a medio descomponer, restos de insectos o estiércol recién incorporado —agregó Koy.

—La materia inorgánica o mineral del suelo está compuesta por fragmentos de roca que pueden ser de muchos tamaños: desde bloques de varios metros de diámetro hasta partículas microscópicas de polvo —continuó Kan—. Los principales elementos químicos que componen estas partículas son oxígeno, silicio, aluminio, hierro, calcio, sodio, potasio y magnesio.

—¿Y dónde están el agua y el aire del suelo? —preguntó Pedro.

—Entre las partículas sólidas del suelo hay millones de espacios o poros que son ocupados por el aire y el agua —aclaró Kan—. Cuando la tierra está seca, el aire ocupa estos poros; pero cuando llueve, el agua se introduce en ellos y desplaza al aire. Una vez que las raíces de las plantas absorben el agua o ésta se filtra a otros lugares del interior del suelo, el aire ocupa nuevamente esos espacios.

—Ya que me explicaron qué es Lu’um, el suelo, —dijo Pedro, impaciente— ¡vamos a buscar el tesoro!



¿Dónde está el suelo?
Bajo tus pies…

Los karakoes, seguidos por Pedro, se dirigieron hacia una pequeña parcela. Entonces, Kan dijo:

—Para encontrar ese valioso tesoro, será mejor que nos ayude alguien que conoce muy bien los suelos de la Tierra.

Luego, se quitó su gorro-cascabel y de él extrajo unos cuantos granos de ixim (se pronuncia ishim), el maíz, que colocó en los surcos de la tierra. Después, los regó con un poco de agua que brotó también de su gorro-cascabel.

En un instante comenzó a germinar una gran planta y, dentro de ella, como por arte de magia, surgió un ser que llevaba en la mano una coa, o bastón sembrador, y una mazorca de maíz sobre la cabeza. ¡Era Yum Kax (se pronuncia Yum Kash), el señor de los bosques!

—Hola, amigos —dijo Yum Kax—, veo que los acompaña alguien que no ha encontrado el tesoro que hay bajo sus pies… ¡Vamos a ayudarlo!

”Nuestro planeta está cubierto por una capa de roca llamada litosfera (del griego lithos, piedra, y sphaira, esfera). En la parte superior de la litosfera se encuentra la corteza terrestre, que está integrada por continentes, islas y fondos marinos. La corteza terrestre tiene un grosor de aproximadamente 8 kilómetros, cuando está debajo de los mares (corteza oceánica o capa basáltica), hasta 80 kilómetros en los continentes y debajo de las montañas más altas (corteza continental o capa granítica)”.

—Si consideramos que el diámetro de la Tierra en el ecuador, su parte más ancha, es de 12,756 kilómetros, al comparar en escala su grosor, la corteza terrestre es tan delgada como el cascarón de un huevo —ilustró Koy.

—Pues bien, Lu’um, el suelo (capa sedimentaria) se encuentra distribuido sobre la superficie de la corteza terrestre —aclaró Kan.

—¿Recuerdas que la materia inorgánica del suelo está formada por fragmentos de roca de muchos tamaños? —comentó Yum Kax—. Esta variación de tamaños es muy importante ya que, excluyendo a las partículas mayores, como piedras y gravas, las partículas menores (o tierra fina) sirven como depósito de nutrientes y determinan, en gran medida, la capacidad del suelo para almacenar agua.

”Según el tamaño de las partículas del suelo podemos saber si está hecho de arena, limo o arcilla:
  • La arena son partículas de roca de .02 a 2 milímetros de diámetro, que podemos apreciar a simple vista.
  • El limo está formado por partículas de tamaño intermedio entre la arena y la arcilla: de .02 a .002 milímetros.
  • La arcilla, también conocida como barro, posee las partículas más pequeñas, menores a .002 milímetros.

—La mezcla de arena, limo y arcilla determina la textura del suelo —aclaró Kan—. Según la proporción de arena, limo o arcilla que tenga un terreno, los suelos se llamarán sueltos, fuertes o francos. Los suelos sueltos (o ligeros) tienen más arena o limo que arcilla. Los suelos fuertes (o pesados) tienen mayor cantidad de arcilla. Los suelos francos son los intermedios entre los sueltos y los fuertes”.

—¿Y cómo los reconozco? —preguntó Pedro.

—Los suelos con textura arenosa son fáciles de labrar (trabajar la tierra), pero no conservan bien la humedad y contienen pocos nutrientes —describió Yum Kax—. Son granulosos, rasposos, se desbaratan fácilmente y no son pegajosos cuando se mojan. La arena de las playas o los desiertos son suelos arenosos.

”Los suelos con textura limosa retienen la humedad por mucho tiempo; cuando llueve, forman una capa impermeable que no deja filtrar el agua y provoca que a muchas plantas se les pudran las raíces. Cuando están secos son suaves como la harina y cuando están húmedos se sienten pastosos, como el jabón o la mantequilla, y no son pegajosos. Algunos suelos limosos están cerca de las orillas de los ríos o en ambientes marinos.

”Los suelos con textura arcillosa contienen mucha materia orgánica, pero cuando llueve absorben mucha agua, se sienten pegajosos y se encharcan fácilmente; cuando están secos se agrietan, son duros y difíciles de labrar. El fango (lodo espeso) es un ejemplo de suelo arcilloso.

”Los suelos con textura mediana o francos, tienen arena y arcilla en cantidades similares. Son mejores para los cultivos porque tienen las ventajas de la arena (no se encharcan y son fáciles de labrar) y de la arcilla (retienen la humedad y son ricos en nutrientes). Al moldearlos con la mano se sienten suaves como migajón de pan. Los suelos francos se ubican en muchos valles (terreno plano entre montañas) y bosques de pinos”.

—También existe el suelo turboso o turbera, que es una mezcla de tierra con muchas plantas podridas; es muy húmedo, esponjoso y rico en materia orgánica. Las turberas están en terrenos bajos con aguas estancadas —agregó Koy.

—La textura del suelo está relacionada con la fertilidad —dijo Kan—. El tamaño de las partículas del suelo sirve como una red que atrapa el agua y el alimento de las plantas. Entre más pequeñas sean las partículas, como en las arcillas, retienen más nutrientes y agua. Pero también debe haber partículas grandes, como arenas y limos, para que el agua y el aire puedan circular dentro del suelo.

—Ya ha pasado mucho tiempo y aún no he visto nada —protestó Pedro.

—Calma, Pedro —dijo Kan—. Sólo es cuestión de paciencia para que descubras el gran tesoro que hay en el suelo.

—¡Bah! —replicó Pedro—. ¡Si no estuviera el suelo, ya lo habríamos encontrado!, ¿por qué existe el suelo?



¿De dónde viene el suelo?
Sólo piedras

—Hace millones de años, Lu’um, el suelo, no estaba sobre nuestro planeta —explicó Yum Kax—. La superficie de la Tierra estaba formada por piedras. A través del tiempo, la acción del agua, el aire y el calor fueron fragmentando estas piedras en porciones cada vez más pequeñas hasta deshacerlas y convertirlas en la tierra fina que conocemos como suelo.

Por momentos, Pedro se distraía para pensar dónde encontraría ese gran tesoro. Al verlo, Kan le contó algo interesante:

—¿Sabías que, aunque parece inmóvil, el suelo donde estamos parados se mueve varios centímetros cada año? Las inmensas placas que forman la corteza terrestre se desplazan continuamente y chocan entre sí, causando levantamientos, hundimientos, terremotos o erupciones volcánicas que modifican el relieve de la Tierra y forman montañas y mares.

Entonces, Pedro quiso explorar un monte cercano y, durante el trayecto, Yum Kax continuó su explicación:

—En la formación del suelo intervienen varios factores: la roca madre, el clima, los organismos, el relieve y el tiempo:
  • Roca madre. Es la superficie de la corteza terrestre que no ha sido modificada por la acción de los organismos.
  • Clima. Es el conjunto de fenómenos como temperatura, lluvias, nubosidad, viento o incidencia de rayos solares que caracteriza a cada región de la Tierra.
  • Organismos. Son los seres vivos que habitan en la superficie del suelo o dentro de él, como pastos, árboles, hongos, algas, insectos, lombrices, topos y demás.
  • Relieve o topografía. Es el conjunto de elevaciones y hundimientos en la superficie del terreno: cumbres, valles o barrancas.
  • Tiempo. Durante miles de años, la roca se va desmoronando hasta formar partículas cada vez más pequeñas: primero, arenas; luego, limos; y, por último, arcillas. Después, las arcillas se compactan y se convierten otra vez en roca para iniciar un nuevo ciclo.

—Yum Kax, ¿podrías decirme cómo se forma el suelo, para enseñarles a mis compañeros de la escuela? —solicitó Pedro.

—Por supuesto —dijo Yum Kax—. Pon mucha atención:

La formación del suelo (o edafogénesis) se desarrolla a través de tres fases:
  • Primera fase. Cuando el agua de lluvia o de las corrientes superficiales se infiltra en la roca madre, la revienta y produce una capa de fragmentos rocosos llamada regolito.
  • Segunda fase. Entre las grietas del regolito penetran muchos microorganismos que forman una capa de desechos orgánicos parcialmente descompuestos llamada suelo esquelético, donde pueden nacer hierbas y pequeños arbustos.
  • Tercera fase. Las tierras más finas y el agua continúan infiltrándose entre los fragmentos rocosos y los empujan hacia la superficie. Después de miles de años de intercambio continuo entre las distintas capas, el suelo esquelético se convierte en suelo evolucionado, donde pueden crecer árboles más grandes.

—¿Qué les parece si excavamos el suelo para que Pedro pueda conocerlo a profundidad? —propuso Yum Kax.

—Buena idea —dijeron todos al unísono. Y Pedro agregó, entusiasmado:

—¡Seguramente habrá muchos tesoros debajo de la tierra!

Yum Kax comenzó a picar varias veces el suelo con su coa, y de esos pequeños agujeros emergieron picos y palas para todos.

—Hagamos un corte de aproximadamente dos metros de hondo para ver el perfil del suelo, que va desde la parte más superficial hasta la más profunda, donde está la roca madre —indicó Yum Kax.

Al escarbar, Pedro notó que en el perfil del suelo había capas de distintos colores, con partículas de tierra y piedras de muchos tamaños.

—A estas franjas se les llama horizontes —explicó Yum Kax— y nos muestran los procesos de formación del suelo, o sea, su edad:
  • El horizonte O es la capa superficial, compuesta por humus y hojas secas.
  • El horizonte A es la porción de tierra cultivable, formada por humus, organismos vivos y minerales.
  • El horizonte B corresponde al subsuelo, donde se acumulan minerales y la arcilla que proviene de la capa superior (horizonte A).
  • El horizonte C está formado por fragmentos rocosos que provienen de la roca madre.
  • El horizonte R es el más profundo, donde se encuentra la roca madre que origina todos los suelos.

—¿Por qué hay suelos de varios colores? —preguntó Pedro.

—Porque tienen diferentes cantidades de minerales y materia orgánica —contestó Yum Kax—. Normalmente, los suelos oscuros son más fértiles que los claros. Los suelos negros tienen mucho humus, o también humedad excesiva. Los suelos con óxidos de hierro son rojizos si están bien aireados, o amarillentos si tienen aireación regular. Los suelos de color gris poseen poco oxígeno o hierro, o mucho calcio.

—Recuerda, cada región de nuestro planeta tiene suelos diferentes según el tipo de roca de donde surgió y los factores que lo han modificado —agregó Koy.

Al terminar esta ecolección, Pedro continuó cavando durante largo rato pero, al no hallar lo que deseaba, refunfuñó:
—Tanto escarbar para no encontrar ningún tesoro, ¡sólo piedras que no sirven para nada!



¿Para qué nos sirve el suelo?
La siembra de conciencia

—A pesar de ser una cubierta muy delgada, Lu’um, el suelo, es esencial para la vida en tierra firme —dijo Yum Kax—. Es el medio donde nacen y crecen las plantas, se sostienen con sus raíces y toman agua y alimento. Si no existiera el suelo, tampoco habría plantas y, sin ellas, ni nosotros ni el resto de los animales podríamos vivir.

Lu’um, el suelo, es un ambiente vivo: se estima que en un metro cúbico de suelo fértil hay cerca de mil millones de organismos. Muchos animalitos como lombrices, cochinillas, escarabajos, hormigas, topos y ratones escarban, airean y enriquecen el suelo. Además, diferentes microorganismos como algas, hongos y bacterias descomponen la materia orgánica en minerales que los árboles y las plantas necesitan para alimentarse”.

El grupo se internó en la selva y le pidió a Nikté, la orquídea, que los acompañara para ayudar a Pedro a descubrir el tesoro que hay en el suelo. Como ella se encarga de cuidar a la vegetación, comentó:

—El humus proporciona nutrientes que hacen que las plantas crezcamos más hermosas y saludables. La tierra orgánica aumenta la porosidad del suelo y permite que el agua y el aire circulen mejor, para que nuestras raíces crezcan robustas y nos enfermemos menos.

Poco a poco, Pedro se iba interesando más y preguntó:

—¿Cuáles son los nutrientes que necesitan las plantas?

—Necesitamos nitrógeno (N), fósforo (P), potasio (K), calcio (Ca), magnesio (Mg) y azufre (S), entre otros —contestó Nikté—. Si cualquiera de ellos nos falta, crecemos raquíticas. Por ejemplo, si tenemos suficiente nitrógeno, nuestras hojas estarán muy verdes; si nos falta, estarán amarillentas. Si tenemos fósforo en cantidad adecuada, nuestras raíces y tallos serán fuertes; si no, los tendremos débiles y nuestras hojas inferiores estarán rojizas. Con potasio seremos más resistentes a las enfermedades; pero, si nos falta, los bordes de nuestras hojas se verán como si estuvieran quemadas.

—¿Y cuáles nutrientes necesitamos las personas? —cuestionó Pedro.

—En tu cuerpo tienes casi los mismos minerales que forman el suelo —afirmó Koy—. Tus huesos contienen calcio y fósforo, en la sangre tienes hierro, el magnesio ayuda a que funcionen bien tus músculos y articulaciones. La carencia o el exceso de alguno de estos minerales puede causarte molestias y enfermedades como raquitismo, debilidad, osteoporosis, entre otras. Debido a que continuamente los eliminas en la transpiración (sudor), la orina, lágrimas y otras secreciones, debes restituirlos por medio de los alimentos. La leche y el queso son excelentes fuentes de calcio. El hígado y los huevos contienen hierro. El magnesio se encuentra en verduras, cereales y pescado.

—Si tomas alimentos con suficiente cantidad de minerales, serás más resistente a las enfermedades y conservarás tus facultades físicas y mentales cuando tengas edad avanzada —aconsejó Kan.

—Gracias al suelo, el hombre puede desarrollar la agricultura al cultivar frutas, verduras, cereales y demás alimentos —comentó Yum Kax—. El suelo es indispensable para realizar actividades como la ganadería, la silvicultura (cultivo y explotación racional de los bosques) y la minería (explotación de minas o yacimientos de minerales).

—A ver, Pedro —dijo Nikté—, ¿para qué otras cosas crees que nos sirve el suelo?

—Mmm, sobre el suelo pasamos casi todo el tiempo y realizamos la mayoría de nuestras actividades; nos transportamos de un lugar a otro, hacemos deporte, nos divertimos, jugamos, descansamos ¡o disfrutamos del paisaje, como ahora! —contestó Pedro.

—¡Ja, ja, ja! muy bien dicho, Pedro —dijo Yum Kax—. El hombre ha construido casas, edificios, industrias, carreteras, grandes ciudades y muchas otras obras de ingeniería no sólo sobre la tierra, sino también dentro de ella.

Ya era mediodía y todos tenían hambre. Entonces acordaron que cada quien iría por diferentes partes para recolectar algunos frutos y reunirse después para comer.

En eso, Pedro pasó por una mina abandonada que había por ahí y, sin medir las consecuencias de no llevar lámpara ni equipo adecuado, se internó con la idea de encontrar algunas piedras preciosas. Como estaba muy oscuro y húmedo, a los pocos metros resbaló y cayó dentro de otro túnel, se golpeó la cabeza y quedó inconsciente.

Yum Kax y los karakoes notaron su ausencia y comenzaron a buscarlo por todas partes. Afortunadamente, Sinik, la amiga hormiga y Lukum, la lombriz feliz, los ayudantes de Yum Kax en la tarea de airear el suelo, se dieron cuenta y les avisaron oportunamente. Y pronto Pedro fue rescatado.

Nikté le aplicó una cataplasma (masa medicinal espesa) de barro y hierbas que, en pocos minutos, curó totalmente sus heridas y logró levantarse con algo de dificultad. Pedro, muy apenado, agradeció que lo hubieran salvado y pidió disculpas por su comportamiento.

—Espero que este accidente te haya ayudado a reflexionar, Pedro —dijo Yum Kax—. Cada vez que el hombre desea obtener de la tierra más riquezas de las que necesita, padecerá las consecuencias.



¿Cómo es el suelo de las ciudades?
Suelo pobre, pobre suelo

Después de comer y esperar a que Pedro se recuperara un poco más, se dirigieron hacia una ciudad para buscar el tesoro. Durante el trayecto, Yum Kax prosiguió con su explicación:

—El hombre necesita vivir en sitios donde haya agua y pueda obtener sus alimentos. Por eso, la mayoría de los asentamientos humanos comenzaron sobre suelos fértiles. Con el paso del tiempo y el incremento de su población, las pequeñas comunidades se han convertido en ciudades. Sin una planeación adecuada, la mayoría de las ciudades ha crecido encima de los suelos más fértiles y los han empobrecido.

—¿Qué es el empobrecimiento del suelo? —preguntó Pedro, intrigado.

—Es cuando un suelo deja de ser fértil porque pierde mucha materia orgánica y mueren los organismos que liberan los nutrientes para las plantas —aclaró Nikté.

—¿Cómo compruebo si un suelo tiene materia orgánica? —preguntó Pedro.

—Vierte un poco de agua oxigenada (H2O2) en el suelo —dijo Kan—. Si hace burbujas, quiere decir que tiene materia orgánica; si no, el suelo es pobre en materia orgánica.

—¿Por qué se empobrece el suelo? —interrogó Pedro.

—En las ciudades, el asfalto de las calles y las construcciones de concreto cubren, sobrecalientan y no permiten respirar al suelo. La excesiva extracción de agua lo reseca y las aguas residuales de las casas y las industrias lo contaminan —respondió Kan.

—En el campo, el suelo se empobrece por compactación, erosión, monocultivo y deforestación —puntualizó Yum Kax.

”La compactación del suelo sucede cuando se tapan los huecos que hay entre sus partículas y mueren los organismos que viven ahí porque se quedan sin aire. Las prácticas que compactan al suelo son las quemas agrícolas, porque las cenizas tapan los espacios de aire que hay en la tierra; el sobrepastoreo, que es cuando muchos animales pastan en un terreno y hacen que la tierra se apriete; y el uso excesivo de maquinaria agrícola, que aplasta la tierra y las plantas ya no pueden crecer”.

—Es cierto —agregó Pedro—. ¡Me he fijado que en lugares donde se pisa seguido ya no crecen plantas!

—La erosión sucede cuando un suelo no está protegido por hierba, pasto o cualquier otra cubierta —continuó Yum Kax—. Entonces, la fuerza del viento o del agua remueve la capa de arriba, que es la que tiene más nutrientes, y así se va empobreciendo.

”El monocultivo es cuando se siembra un mismo tipo de planta en un terreno. Si siembras durante mucho tiempo maíz, el suelo se empobrece porque, al no sembrar otro tipo de planta, no le permites recuperar los nutrientes que alimentan al maíz.

”La deforestación es cuando se destruyen bosques y selvas para obtener madera, terreno para cultivos agrícolas y cría de ganado, construir ciudades y carreteras o por los incendios forestales, entre otras cosas. Este problema sucede, por ejemplo, cuando grupos de campesinos talan alguna región del bosque para cultivarla. Al poco tiempo, el suelo se empobrece por la práctica del monocultivo y los campesinos lo abandonan para buscar otros terrenos. Entonces, el suelo sirve como zona de pastoreo, donde los animales terminan con la poca vegetación que queda. Al no tener plantas, el suelo se erosiona y se convierte en desierto”.

—¿Cómo evitamos el empobrecimiento del suelo? —preguntó Pedro.

—Lo mejor es mantener su cubierta vegetal —explicó Yum Kax—. Las raíces de pastos y árboles se sujetan al suelo y lo retienen a la vez. Sus hojas, ramas y troncos amortiguan el viento y la lluvia, y evitan que arrastren el suelo hacia otros lugares. Además, el follaje de los árboles filtra los rayos solares y le permite al suelo conservar mejor la humedad. Por eso, un suelo arbolado es más fresco y fértil que uno desértico o uno de ciudad, que recibe demasiado calor por el concreto de las calles y edificios.

—Para que no se compacte, debemos evitar que el ganado lo pisotee mucho, no usar el tractor excesivamente y nunca quemar los residuos de las cosechas —comentó Kan.

—¡Y no cultivar siempre lo mismo para no agotarlo! —añadió Koy.

—Otra excelente manera de enriquecer el suelo es alimentarlo con abono orgánico, también llamado composta —dijo Yum Kax.

—¿Qué es la composta? —quiso saber Pedro.

—Es una mezcla que podemos hacer con todo tipo de restos vegetales (hojas, flores, varas, rastrojos), residuos de comida (cáscaras de fruta y verdura, cascarones de huevo, sobras de guisados) y excremento de animales para que hongos, bacterias, lombrices y demás organismos la descompongan y transformen en humus o tierra orgánica, que mejora la fertilidad del suelo —describió Yum Kax.

—Se complican mucho —dijo Pedro—. Si le agregamos un montón de fertilizantes químicos, ¡acabamos con el problema!

—El problema no es el suelo… —dijo muy serio Yum Kax.



¿Por qué se contamina el suelo?
Sin con-suelo

—Cada año, las actividades del hombre generan miles de toneladas de desechos industriales, radiactivos, sanitarios, agrícolas, domiciliarios y restos de materiales de construcción —dijo Yum Kax—. Algunos desechos son orgánicos, o sea, biodegradables, y pueden ser descompuestos por los microorganismos en poco tiempo. Pero la mayoría de residuos son inorgánicos, no biodegradables, tóxicos y durables.

”Los contaminantes no biodegradables provienen, en gran parte, de las industrias: algunas pilas contienen mercurio, el cual provoca disminución auditiva y visual, e incluso la muerte; muchas pinturas son fabricadas con plomo, un metal que daña al cerebro, hígado y riñones; los derrames de petróleo impermeabilizan el suelo y asfixian a los seres vivos que habitan ahí; el PVC (cloruro de polivinilo), un plástico usado en tenis, tarjetas de crédito y ciertos juguetes, desprende gases muy venenosos al incinerarse; el unicel (poliestireno), los pañales desechables y las toallas sanitarias tardan 500 años en degradarse”.

—¿Se usan sólo unas horas y tardan tanto en descomponerse? —reflexionó Pedro.

—Eso no es todo, en la agricultura se emplean fertilizantes, insecticidas y otros agroquímicos para producir mayor cantidad de cosechas, sin tomar en cuenta que intoxican los alimentos, el suelo y los mantos acuíferos, y a las plantas nos debilitan y exponen a plagas y enfermedades —argumentó Nikté.

—El DDT (diclorodifeniltricloroetano) es un insecticida muy tóxico que tarda mucho en degradarse y provoca cáncer —objetó Kan.

—Los riegos mal aplicados y el exceso de fertilizantes causan la salinización del suelo, con lo que las plantas perdemos nuestra capacidad de absorción —concluyó Nikté.

—Ya entendí por qué mi abuelita dice que las frutas y verduras ya no huelen como antes ni saben a nada —recordó Pedro.

—Por eso es preferible la agricultura que emplea sólo abonos orgánicos y protege el suelo, no lo destruye —afirmó Yum Kax—. La agricultura orgánica produce alimentos de origen vegetal (hortalizas, legumbres, frutas, café y demás) y animal (leche, carne, huevos, miel, entre otros, que provienen de animales alimentados con productos orgánicos). Su producción no daña al ambiente ni a los seres vivos. El consumo de alimentos orgánicos es más saludable y ayuda a muchos agricultores a enriquecer los suelos.

—Para generar electricidad o con fines bélicos, varios países emplean la energía nuclear, la cual genera residuos radiactivos que tardan miles de años en volverse estables y provocan cáncer y mutaciones (malformaciones y retraso mental en los hijos de las personas afectadas) —condenó Koy—. Accidentes graves de plantas nucleares como la de Chernobyl, Ucrania, en 1986, y pruebas nucleares de potencias militares como Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña, China e India, han dejado muchos lugares inhabitables por la radiación.

Como el ingenioso T’ot, el karakoe caracol que convierte lo usado en nuevo, estaba cerca de ahí, se unió al grupo y para ayudar a Pedro a tener una nueva conciencia, dijo:

—Actualmente, las personas compran muchos productos con envases, empaques o envolturas que se vuelven basura porque no sirven para nada. La basura es la mezcla de varios tipos de desperdicios que, por estar revueltos entre sí, se ensucian, maltratan y contaminan. Cada año, miles de toneladas de basura se arrojan en tiraderos a cielo abierto o en barrancas donde es común quemar la basura y verter gases venenosos al aire. También, cuando llueve, el agua arrastra muchas sustancias contaminantes al suelo y a los mantos acuíferos. Los tiraderos de basura producen olores repugnantes y afean el paisaje; atraen moscas, cucarachas y ratas; son fuente de enfermedades respiratorias, digestivas y de la piel.

—¿Cómo evitamos que nuestros desperdicios se conviertan en basura? —preguntó Pedro.

—Separándolos por tipos en forma limpia y ordenada —aclaró T’ot—. Estos objetos no dejan de ser desperdicios pero, al no estar revueltos, pueden reciclarse o reutilizarse. Por ejemplo, algunos frascos o envases de plástico se pueden emplear para guardar alimentos en el refrigerador. Pero recuerda que no debes reutilizar los envases de productos peligrosos como aerosoles, insecticidas o pilas.

”El control de la basura es una tarea que debemos hacer desde nuestro hogar. Para separar los desechos necesitamos un recipiente para cada tipo de desperdicio:
  • Materia orgánica: desperdicios de la cocina y el jardín.
  • Papel y cartón (limpio y seco): hojas sueltas, revistas, cuadernos, cajas, etcétera.
  • Vidrio (limpio y seco): botellas, frascos, vasos, etcétera.
  • Metal (limpio y seco): latas, papel aluminio, ganchos, cacerolas viejas, etcétera.
  • Plástico (limpio y seco): bolsas, envases, tapas, botes, etcétera.
  • Desechos varios (distintos de los demás): cerámica, pilas, hule, telas, brochas, etcétera.
  • Desechos sanitarios: jeringas, algodones, vendas y demás material usado que pueda ser infeccioso.

”Todos estos desperdicios pueden reciclarse, menos los desechos sanitarios, que deben ser incinerados (quemados). Para esto, debes llevarlos a los centros de acopio más cercanos a tu casa. También hay lugares donde te pueden comprar algunos tipos de desperdicio como cartón, aluminio o el PET (polietileno tereftalato) de los envases de refresco”.

—¿Qué es el reciclaje? —preguntó Pedro.

—Es cuando una materia se procesa para utilizarse de nuevo. Al reciclar fierro o vidrio, se funde para producir nuevos objetos con el mismo material —definió T’ot.

”El reciclaje, además de disminuir la basura, genera grandes ahorros y cuida los recursos naturales: si reciclamos una tonelada de papel, no se cortarán 15 árboles ni se utilizarán 28 mil litros de agua”.

—Si tarda miles de años en formarse y es tan importante para la vida, ¿cómo permitimos que le pase esto al suelo, si es un verdadero teso…? —exclamó Pedro, al tiempo de percatarse de que al fin había descubierto en el suelo un verdadero tesoro.

—¡Felicidades, Pedro! Estamos muy orgullosos de ti —dijeron Yum Kax y los karakoes.

—Gracias, Yum Kax y queridos amigos karakoes —exclamó Pedro, muy emocionado—. Sus ecolecciones me han hecho comprender que Lu’um, el suelo, es uno de nuestros más grandes tesoros. ¡Siempre ha estado bajo mis pies y no me había dado cuenta! ¿Qué puedo hacer para protegerlo?



¿Cómo cuidar el suelo?
Suelo estar feliz

Ya era tarde y Pedro les solicitó a Yum Kax y los karakoes que lo acompañaran a dejar la joya al lugar en donde la había encontrado. ¿Recuerdas que Pedro había aceptado devolver el colgante si le mostraban un tesoro más grande? Pues Pedro cumplió y de muy buena gana.

Todos esperaron con él al camión que lo llevaría a su casa. Ahí, los karakoes le obsequiaron un pequeño libro con muchas ecolecciones, el cual comenzó a leer poco después de abordar el autobús. Al final del libro aparecían los siguientes trece consejos para cuidar el suelo:

1. Cuida los árboles y las plantas para que protejan al suelo de la erosión y lo mantengan húmedo y fértil.

2. Emplea sólo detergentes biodegradables (sin fosfatos y nitratos) y evita el uso de limpiadores líquidos, enjuagues y blanqueadores, porque contaminan el agua y el suelo.

3. Evita el uso de pilas porque son muy contaminantes. Si necesitas usarlas, procura que sean recargables o, en su defecto, que no contengan mercurio.

4. Consume productos orgánicos, ya que saben y huelen más rico, no contienen sustancias tóxicas y no se contamina el suelo al producirlos. Puedes identificarlos porque tienen etiquetas que los certifican como orgánicos.

5. Lava muy bien frutas y verduras cultivadas con fertilizantes, pesticidas y demás agroquímicos, para eliminar posibles residuos tóxicos.

6. Utiliza las hojas de papel por ambos lados; emplea con moderación el papel higiénico, pañuelos desechables, servilletas, cuadernos y demás. Así desperdiciaremos menos y no se cortarán árboles para producir más papel.

7. Tira tus desperdicios en bolsas y botes de basura, nunca en la calle, desde el coche y mucho menos en el campo, ríos o barrancas.

8. Antes de desechar las cosas que no necesites (juguetes, ropa, zapatos, entre otros), considera si pueden ser útiles para otras personas. Así disminuiremos nuestros desperdicios y ayudaremos a los demás.

9. Evita el uso de artículos desechables (botellas, platos, vasos, cucharas y demás). Si necesitas usarlos, elige aquellos que tengan el símbolo de reciclable. Esto significa que, una vez desechados, se pueden reprocesar.

10. Cuando saques a pasear a tu perro, recoge sus excrementos en una bolsa y deposítala en el recipiente de los residuos sanitarios.

11. Nunca quemes la basura, mucho menos las hojas secas y ramas, pues sirven para fertilizar el suelo.

12. Promueve en tu hogar la separación de desperdicios (materia orgánica, papel, vidrio y demás) para que no se conviertan en basura. Recuerda que la mayoría puede venderse o regalarse en centros de acopio para ser reciclada.

13. Separa los residuos orgánicos que se generan en tu casa. Con ellos, aprende a elaborar composta para abonar tus propias plantas y mejorar la calidad del suelo.

Al llegar esa noche a su casa, Pedro les contó lo sucedido a sus padres y los convenció para que, a partir de la mañana siguiente, modificaran muchos hábitos en su hogar. Después fue a dormir a su cuarto, pues estaba rendido de cansancio por las peripecias de aquel día que sería inolvidable para él.

Por cierto, el libro que los karakoes le dieron a Pedro es el mismo que ahora estás leyendo. Seguramente también a ti te ayudará a valorar y cuidar ese fabuloso tesoro llamado Lu’um, el suelo.
¡Nos vemos en la próxima eco-aventura!

martes, 24 de febrero de 2015

Tupik, el viento travieso

Tupik, the Naughty Wind
Tupik, the Naughty Wind

TUPIK, EL VIENTO TRAVIESO -ECOLECCIONES DEL AIRE-
Autor del texto e ilustraciones: Rolando Tamayo Rodríguez

Derechos Reservados © 2007, Rolando Tamayo Rodríguez.

Queda estrictamente prohibida, sin autorización escrita del titular del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento.



¿Qué es el aire?
La risa de la brisa…

Comienza este relato en una hermosa playa, situada al pie de la antigua ciudad de Tulum, la cual se encuentra en la península de Yucatán. En ese paradisíaco lugar estaban algunos de nuestros amigos, los karakoes: Kin, el águila arpía; Balam, el jaguar; y Zotz, el murciélago zapotero, quienes reposaban sobre la fina y blanca arena después de haber retozado entre las olas azul turquesa del Mar Caribe.

Kin se probaba un sombrero que había elaborado con hojas de palma. Balam descansaba recostado sobre una toalla. Zotz soplaba una concha de caracol marino que había encontrado en la playa, tratando de hacerla sonar.

Así estaban cuando, de pronto, la brisa le arrebató el sombrero a Kin. Sin darle importancia, lo recogió y se lo puso. A los pocos instantes, nuevamente se le voló el sombrero y fue a dar un poco más lejos.

—Ja, ja, ja —rieron Balam y Zotz al ver lo que ocurría.

—Qué extraño, todo está en calma y sólo se vuela mi sombrero… —dijo Kin, algo enfadado, al tiempo que iba a recogerlo para ponérselo otra vez.

—Lo que vuela tu sombrero es el aire —aclaró Zotz—. Le llamamos “aire” a la mezcla de gases que existe a nuestro alrededor.

—¿De qué gases está compuesto el aire? —preguntó Kin.

—El aire está compuesto químicamente por 78% de nitrógeno y 21% de oxígeno —contestó Zotz—. El 1% restante está formado por cantidades muy pequeñas de argón, dióxido de carbono y vapor de agua, entre otros gases.

”Gracias al oxígeno del aire se producen muchas reacciones químicas, como la combustión y todo tipo de oxidaciones”.

—¿Y por qué no podemos ver el aire? —interpeló Kin.

—Una de las propiedades físicas del aire puro es que no tiene color. Tampoco tiene olor ni sabor; es de menor peso que el agua (alrededor de un gramo por litro) y no tiene forma definida —respondió Zotz.

—Si el aire es incoloro, ¿por qué vemos el cielo de color azul? —cuestionó Balam.

—Porque las moléculas del aire difunden en mayor medida las ondas de luz que corresponden al color azul en el espectro de colores —dijo Zotz.

En eso estaban cuando, inesperadamente, el viento le arrebató a Kin otra vez su sombrero; a Balam, la toalla; y a Zotz, la caracola, que, por cierto, no era tan ligera. Todos estos objetos volaron entre los matorrales y se acomodaron, de manera muy graciosa, sobre una estela que estaba cerca de la playa. El sombrero se colocó sobre la cabeza de la figura de piedra; la toalla se acomodó como si fuera su capa; y la caracola flotó a la altura de la boca y comenzó a sonar: uhuuhh, uhuuhh…

—No nos habías comentado estas propiedades físicas del aire —le dijo Balam a Zotz.

—En verdad no las sabía…, ¡a menos que sean nuevas! —sugirió Zotz.

—¡Qué nuevas ni qué nada! —interrumpió Kin—. Esto se debe a algo que no podemos ver ni siquiera nosotros, los karakoes.

—Ji, ji, ji —se oyó una risa que parecía provenir del monumento.

—Lo único que no podemos ver es el aire, porque es transparente —reflexionó Zotz.

—Ji, ji, ji —volvió a reír la estela.

—Sólo hay una manera de saberlo —propuso Kin—. Hay que hacerle creer que no nos interesan sus travesuras, de modo que caminemos hacia la selva. Tengo un plan para descubrir quién es nuestro amigo invisible…



¿Dónde está el aire?
Mmm, ¡huele a chocolate!

Kin, Balam y Zotz continuaron su camino sin hacer caso a las risas de la estela, hasta llegar justo donde estaba un frondoso árbol de cacao.

—Hemos llegado —dijo Kin.

—Hola, queridos amigos, qué gusto que hayan venido —dijo Kakaw, el árbol del cacao, a los karakoes.

—Hola, Kakaw, nosotros también estamos felices de verte —contestaron al unísono Kin, Balam y Zotz.

—Kakaw, venimos a solicitar tu ayuda —dijo Kin—. ¿Podrías obsequiarnos algunos de tus frutos para preparar un delicioso chocolate?

—Deseamos ponerle un señuelo a alguien que ha hecho muchas travesuras, pero que no podemos ver —agregó Balam.

—Ja, ja, ja, ya entiendo. Les daré los más maduros y sabrosos —contestó Kakaw, y dejó caer sus mejores frutos para que los karakoes prosiguieran con su plan.

—Muchas gracias, Kakaw —dijeron los karakoes, y fueron a preparar chocolate de la siguiente manera:

Primero, quitaron la gruesa cáscara a los frutos del cacao. Luego, pusieron a cocer sus semillas hasta formar un líquido espeso de color café, al cual agregaron un poco de aromática vainilla y miel. Para terminar, vaciaron esta mezcla sobre una gran hoja, le dieron forma de barra y la dejaron enfriar para que endureciera. ¡Olía riquísimo!

—¿Podríamos dejar la treta para después y comernos el chocolate? —propuso Zotz.

—¡Jamás! Sólo así sabremos quién es el extraño ser que vuela los objetos —interrumpió Balam.

—Busquemos entre las ruinas un recipiente para guardar el delicioso señuelo —les apresuró Kin.

Al fin encontraron una vasija con tapa y ahí guardaron la barra de chocolate.

—¡Ajum! ¡Qué cansados estamos después de tanto caminar! —dijeron los karakoes, y fingieron quedarse dormidos alrededor del recipiente destapado.

Para entonces, el irresistible aroma había atraído al ente misterioso que, sin pensarlo, se introdujo en la vasija para disfrutar del apetitoso chocolate.

Chomp, chomp, se oía desde el fondo del recipiente.

—Ya está adentro… —musitaron los karakoes, y rápidamente taparon la vasija.

—Eh, ¿quién cerró la entrada? —dijo sorprendido el enigmático personaje.

—Por fin vamos a saber quién eres —dijeron Kin y Balam.

—So… Soy un viento gigante y no me pueden ver… ¡déjenme salir! —gritó el ser invisible.

—No lo haremos hasta que nos digas quién eres —exclamó Kin.

—¡Mi mamá me ha dicho que no hable con extraños! —se oyó desde adentro.

—Entonces no quitaremos la tapa y ahí te quedarás —dijo Balam.

—¡Buaá!, soy Tupik —contestó llorando.

—Se oye que eres muy pequeño, ¿qué haces por aquí? —preguntó Zotz.

—Huí de mi casa porque allá todos me dicen “pequeñín” —sollozó Tupik.

—No está bien que hayas escapado de tu hogar —dijo Kin—. ¿Dónde vives?

—Snif, en la atmósfera —contestó Tupik.

—Cuéntanos cómo es la atmósfera —dijeron los karakoes con mucha curiosidad.

—La atmósfera (del griego athmos, vapor, y sphaira, esfera) es una gran masa de aire que rodea y se mantiene unida a la Tierra por la fuerza de gravedad —explicó Tupik, para que los karakoes supieran cómo era su casa—. De acuerdo con la altitud, temperatura y composición del aire, la atmósfera se divide en cinco capas que son:

  • Troposfera. Es la capa más cercana a la Tierra. Comprende desde el nivel del suelo hasta una altura de entre 10 y 15 kilómetros. Contiene 90% de la masa total del aire y casi todo el vapor de agua. La troposfera es la zona donde se crean los fenómenos meteorológicos que conforman el clima: temperatura del aire, presión atmosférica (peso del aire), vientos dominantes, humedad atmosférica (formación de nubes) y precipitaciones (lluvias, nevadas y granizadas).
  • Estratosfera. Está situada por encima de la troposfera y va de los 15 a los 50 kilómetros de altura. Contiene alrededor de 9% de los gases de la atmósfera, y el aire es seco y frío como el hielo. Aquí se encuentra la capa de ozono, que filtra los rayos del sol y evita que toda la radiación ultravioleta llegue a la superficie de la Tierra y dañe a los seres vivos.
  • Mesosfera. Se encuentra entre 50 y 80 kilómetros de altura. Es el estrato más frío de la atmósfera: su temperatura puede bajar hasta menos cien grados centígrados (-100° C). A diferencia de la estratosfera, la mesosfera no absorbe energía solar. En ella se pueden ver estrellas fugaces, producidas por la caída de meteoritos que emiten luz al rozar la mesosfera.
  • Termosfera o ionosfera. Comprende la zona de 80 a 500 kilómetros de altura. Esta capa se calienta considerablemente porque absorbe gran parte de la energía solar. Tiene gran concentración de iones, que son partículas cargadas de electricidad por la radiación ultravioleta del Sol.
  • Exosfera. Es la última capa de la atmósfera, y se extiende desde 500 hasta alrededor de 700 kilómetros de altitud, donde las escasas partículas de hidrógeno y helio escapan de la gravedad terrestre y se diluyen gradualmente en el espacio.

—Tupik, has demostrado que dices la verdad y te dejaremos salir de la vasija —dijo Kin.

—Con la condición de que te vuelvas visible y no trates de escapar —dijo Balam.

—Queremos saber cuál es tu origen —dijo Zotz.

—Está bien —contestó Tupik—. Prometo hacerme visible y decirles de dónde vengo.



¿De dónde viene el aire?
La familia de Tupik


Tal como acordaron, los karakoes destaparon la vasija para que saliera Tupik, quien era un viento muy pequeño y gracioso.

—Dinos dónde están tus padres para llevarte con ellos —dijo Balam.

—Mamá Ik y papá Ik están alrededor de la cima de la montaña Witz, pero yo no puedo volar tan alto porque... soy muy pequeño —respondió Tupik.

—No te preocupes —dijo Kin--—. Cuando sea necesario, te meterás en la vasija y así te podremos llevar hasta allá.

—¿Y por qué tus padres no vienen por ti? —inquirió Balam.

—Porque son unos vientos gigantes, y si bajaran provocarían grandes destrozos en la selva —les hizo saber Tupik.

—Coméntanos cómo surgió el aire —dijo Kin con gran interés.

—Mi papá me ha enseñado que el aire se creó hace muchos millones de años, con el nacimiento de la Tierra —describió Tupik—. Después de su formación, el interior de nuestro planeta todavía estaba demasiado caliente y propició que la actividad volcánica fuera muy intensa. Esto no solamente originó la formación del relieve de la superficie terrestre; también ocasionó que varios gases que se habían quedado encerrados entre los materiales del planeta, salieran en grandes cantidades hacia la superficie y formaran la atmósfera.

—Y... ¿por qué se mueve el aire? —interpeló Balam.

—Por el movimiento de rotación de la Tierra y las diferencias de presión atmosférica —contestó Tupik.

—¿Qué es la presión atmosférica? —volvió a preguntar Balam.

—La presión atmosférica es el peso del aire sobre una determinada superficie —explicó Tupik—. Pero el aire cambia de peso debido a las variaciones de temperatura: con calor, el aire se expande, pierde peso y asciende. En cambio, con frío, el aire se contrae, aumenta de peso y desciende hacia el suelo. Estas diferencias de presión atmosférica originan las corrientes de aire que llamamos viento.

—Entonces, si hay presiones diferentes, ¡se deben producir vientos con intensidades diferentes! —dedujo Kin.

—Acertaste, Kin —dijo Tupik—. Hay vientos tan pequeños y ligeros como yo, que soy una brisa, y vientos muy grandes y fuertes como mis padres, los huracanes.

”Mis familiares, los vientos, pueden agruparse en dos tipos: los vientos dominantes y los vientos locales.

”Los vientos dominantes son aquellos que se mueven alrededor de la Tierra en una dirección constante, como las corrientes de chorro (o jet streams) y las células de circulación de aire, donde soplan los vientos polares, los vientos del Oeste y los vientos alisios.

”Los vientos locales, a diferencia de los vientos dominantes, no son constantes y su fuerza y dirección pueden variar debido al relieve del terreno o a las diferencias de temperatura entre el día y la noche. Algunos ejemplos de vientos locales son las brisas de mar y de tierra, y los vientos de valle y de montaña.

”Los vientos llevamos el calor y la humedad a diversas partes de nuestro planeta”.

—¿Qué es la humedad del aire? —preguntó Kin.

—Es la cantidad de vapor de agua que hay en la atmósfera —respondió Tupik.

—¿Y podemos ver la humedad del aire? —cuestionó Balam.

—Sólo en algunos casos, como en las nubes —aclaró Tupik—. Las nubes son grandes acumulaciones de vapor que, al enfriarse en las alturas, se convierte en millones de gotitas de agua y cristales de hielo, tan pequeños y ligeros que pueden flotar.

—Los vientos también originan la mayoría de los fenómenos meteorológicos —dijo Tupik.

—¿Qué son los fenómenos “meteorlogs”…? ¡Ya se me trabó la lengua! —exclamó Zotz.

—Los fenómenos meteorológicos son sucesos que se presentan naturalmente en la atmósfera —dijo Tupik—. También les puedes llamar meteoros, que es más fácil.

”Según su naturaleza, hay cuatro tipos de meteoros: hidrometeoros, litometeoros, fotometeoros y electrometeoros.

”Los hidrometeoros son las formas en que el agua se presenta en la atmósfera, como la lluvia, la nieve, la niebla, los tornados y los ciclones (también llamados huracanes o tifones).

”En los litometeoros intervienen partículas sólidas, y pueden ser las tempestades de polvo, las lluvias de barro y las tormentas de arena.

”Los fotometeoros son causados por cambios en la dirección de la luz solar o lunar, como el arco iris, los halos y los espejismos.

”Los electrometeoros son manifestaciones eléctricas como la tormenta, que es una serie de descargas que producen un destello breve e intenso (relámpago), seguido de un estruendo (trueno).

”Bueno, ya les conté bastante sobre el aire —dijo Tupik—. Ya es tiempo de irme, adió...

—¡Tupik! —lo interrumpió Balam—. Ya es tiempo, ¡pero de regresar a casa!

—¡No quiero! —replicó Tupik—. Toda mi familia me dice “pequeñín” y, snif, por eso pienso que no sirvo para nada…

—No importa qué tan pequeño seas —dijo Kin para consolarlo—. ¡Tu función es muy importante en la Naturaleza!

—Vamos, Tupik —le dijo Zotz—. En el camino visitaremos a alguien que te enseñará muchas cosas que te gustarán.



¿Para qué nos sirve el aire?
La clase de Tupik

Tupik y los karakoes se dirigieron al interior de la selva hasta encontrar a Nikté, la orquídea.

—Hola, Nikté, ¿podrías ayudarnos a explicarle a Tupik por qué es tan importante el aire en nuestro planeta? —solicitaron Kin, Balam y Zotz.

—Claro, me encantará enseñarle a este lindo pequeñín —contestó Nikté.

—¿Ya ven? ¡Todos me dicen “pequeñín”! —refunfuñó Tupik.

—Tupik, te decimos así porque eres un vientecito bonito y simpático. Y cuando crezcas ¡serás un viento muy guapo y fuerte! —dijo Nikté, acariciándole la barbilla.

Tupik se sonrojó y, con una sonrisa, aceptó que Nikté le explicara la importancia del aire.

—El aire es un elemento vital para la respiración de animales y plantas. De hecho, sin aire, no hay vida. Podemos vivir más de cuarenta días sin alimentos y unos cuantos días sin agua, pero sólo unos minutos sin respirar.

—En promedio respiramos 18 veces por minuto —dijo Zotz—. Esto quiere decir que respiramos más de 25,000 veces al día, inhalando alrededor de 14,200 litros de aire. Nuestro cuerpo necesita oxígeno en todo momento y lo obtenemos por medio del aparato respiratorio. Al inhalar, introducimos oxígeno en los pulmones y la sangre lo lleva a todas las células de nuestro cuerpo, las cuales lo utilizan para obtener energía de los alimentos. Esta energía es necesaria para efectuar todos los procesos de nuestro organismo, desde los más básicos, como respirar, hacer latir el corazón o dormir, hasta otros más complejos, como pensar, hablar o correr.

”Al exhalar, eliminamos dióxido de carbono (también llamado bióxido de carbono o anhídrido carbónico) porque es tóxico para nuestro organismo”.

—Si los animales respiran oxígeno y desechan dióxido de carbono, ¿cómo es que no se acaba el oxígeno de la atmósfera y se llena de dióxido de carbono? —cuestionó Tupik.

—Muy buena pregunta —dijo Nikté—. Esto es porque el dióxido de carbono lo empleamos los vegetales para realizar la fotosíntesis.

—¿Qué es la fotosíntesis? —preguntó Tupik.

—Es un proceso en el que las plantas aprovechamos la luz del Sol para producir glucosa, que es parte de nuestro alimento —contestó Nikté—. Con la fotosíntesis absorbemos dióxido de carbono y emitimos oxígeno. Por eso es importante que haya muchas plantas, ya que producimos casi todo el oxígeno que respiran los seres humanos y los animales.

—¡Parece que soy importante! —exclamó Tupik.

—Y por si fuera poco, atiende muy bien cuáles son las funciones principales de la atmósfera —dijo Nikté.
  • Mantiene una adecuada temperatura sobre la Tierra e impide los cambios bruscos que la harían inhabitable.
  • Filtra las radiaciones solares nocivas con ayuda de la capa de ozono, que impide que la mayor parte de los rayos ultravioletas del Sol lleguen a la Tierra.
  • Nos protege de la constante caída de meteoritos (cuerpos sólidos provenientes del espacio), ya que la mayoría se desintegra al entrar en contacto con el aire.
  • Completa el ciclo del agua. Cuando se evapora, el agua regresa a la superficie terrestre a través de las precipitaciones (lluvia, granizo o nieve).
  • Ayuda a la agricultura, pues un suelo bien ventilado es necesario para que puedan crecer las plantas y otros organismos que viven en él.
  • El viento es indispensable para que el polen y las semillas se dispersen.
  • El viento es uno de los principales agentes de la erosión, que es el desgaste de la superficie terrestre.
  • Por su fuerza de sustentación, permite el vuelo de aves, insectos y animales planeadores, así como de aviones y globos inflados con gases ligeros.
  • Es un excelente medio para difundir la luz y el sonido. Gracias al aire podemos hablar, escuchar y percibir los olores.
  • El oxígeno permite la combustión de las materias (carbón, madera, gasolina, entre otros) para obtener energía.
  • La ionosfera es vital para las telecomunicaciones, ya que sin ella las ondas de radio viajarían en línea recta y no se reflejarían para regresar a la superficie. De esta manera podemos recibir los mensajes trasmitidos hasta en los sitios más lejanos de nuestro planeta.
  • El viento produce la energía eólica, la cual se emplea para impulsar embarcaciones de vela, mover molinos de viento y producir electricidad, entre otros usos.

—Por todo esto, debemos procurar que el aire esté limpio —explicó Nikté.

—Sí, cuidemos la calidad del aire en las ciudades —exclamó Zotz.

—¿La qué…? —preguntó Tupik.



¿Cómo es el aire de las ciudades?
La tarea de Tupik

Fueron todos a la orilla de un estanque. Estaba oscureciendo y vieron unas pequeñas lucecitas volando.

—Ahí está Kokay —dijo Nikté—. ¡Kokay, Kokay!, ¡ven a conocer a Tupik, el viento travieso!

Al instante se acercó Kokay, la luciérnaga, volando como una luz intermitente.

—Hola, pequeñín —exclamó Kokay.

—¡No soy pequeñín! —rezongó Tupik.

—¡Ja, ja, ja! —rieron Kin, Balam y Zotz.

—Tupik desea que le enseñes alguna actividad divertida, mediante la cual pueda descubrir qué es la calidad del aire —dijo Nikté.

—Claro, Tupik —afirmó Kokay—. La calidad del aire es su grado de limpieza o pureza. Cuanto más limpio esté el aire, mayor será su calidad.

—Entonces todo el aire tiene mucha calidad porque es transparente… —dijo Tupik—. Y si es transparente, ¡es porque está muy limpio!

—Comprobemos si está limpio el aire que nos rodea haciendo un divertido experimento —dijo Kokay.

—Tomemos tres vasos de plástico transparente, vaselina, cinta adhesiva y un lápiz. Con estos materiales haremos colectores de partículas y los pondremos en tres sitios diferentes. Por ejemplo: en el bosque, en una avenida transitada y en una fábrica de la ciudad.

”Para hacer un colector, unta una capa delgada de vaselina en el exterior del vaso. Anota el nombre del sitio donde se hará cada prueba en un pedazo de cinta adhesiva y pégala dentro del vaso.

”Dejaremos bien asegurados los colectores en los lugares escogidos, para que no se los lleve el viento, y los revisaremos mañana por la tarde para saber cuántas partículas se adhirieron a la vaselina.

”Si lo deseas, puedes dejar los colectores por más tiempo y revisarlos diariamente. En caso de lluvia, protege los colectores que puedan mojarse.

”Recuerda cómo era la superficie del vaso cuando untaste la vaselina, y cómo se ve un día o una semana después.

”Marca un cuadrito de un centímetro por lado en cada vaso. Si hay 30 o menos partículas visibles en el cuadrito, el aire está prácticamente libre de partículas contaminantes. Si hay más de 200 partículas, el aire está muy contaminado”.

A la tarde siguiente, Tupik y los karakoes fueron a recoger los vasos colectores para revisar cuántas partículas había en el aire de los sitios elegidos para el experimento.

—Tupik, ya puedes comparar la cantidad de partículas que hay en cada colector —dijo Kokay, al tiempo que le daba una lupa y alumbraba con su luz (de luciérnaga) el interior de cada colector, para que pudiera observar más detalladamente las partículas.

Con asombro, Tupik comprobaba que había grandes diferencias entre la calidad del aire de cada lugar.

—¿Por qué hay más partículas en los colectores de la avenida y de la fábrica que en el del bosque? —preguntó Tupik.

—En esos lugares hay más partículas en el aire porque tienen un mayor grado de contaminación —contestó Kokay—. Le llamamos contaminación a todo lo que ensucia el ambiente y hace que la calidad del aire sea menor. La calidad del aire depende de dónde nos encontremos: desde un aire altamente oxigenado en la orilla del mar, hasta el aire contaminado de las ciudades, que contiene gases de mayor o menor toxicidad y partículas contaminantes como polvo, cenizas, cemento o polen.

—¿Por qué se ensucia el aire en las ciudades? —inquirió Tupik, muy preocupado.



¿Por qué se contamina el aire?
La tristeza de Tupik

—El hombre ha desarrollado procesos industriales para generar riqueza y hacer su vida más cómoda, pero no tomó en cuenta que esto generaba desechos. La contaminación atmosférica es la acumulación de sustancias que alteran la calidad del aire y causan efectos nocivos a los seres vivos y a los materiales —dijo Zotz—. Estas sustancias se generan principalmente por las emisiones de los medios de transporte y las industrias, los malos olores de los basurales, la quema de basura, los incendios forestales y las fumigaciones aéreas.

”Los principales contaminantes del aire son: monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno, los hidrocarburos, el bióxido de azufre, el ozono y las partículas suspendidas (cenizas, cemento, plomo, esporas y polen, entre otros)”.

—¿Y qué sucede cuando estos contaminantes están en el aire? —preguntó Tupik.

—Estos contaminantes generan graves consecuencias en la atmósfera, como el smog y la lluvia ácida —explicó Zotz.

—El smog ácido (del inglés smoke, humo, y fog, niebla) es una tupida niebla formada por el estancamiento de pequeñísimas gotas de agua, partículas y ácido sulfúrico.

”El smog fotoquímico es una bruma pardusca que se produce frecuentemente en las grandes ciudades, al reaccionar los óxidos de nitrógeno y los hidrocarburos bajo los efectos de la luz solar, principalmente durante las mañanas.

”Las lluvias ácidas se originan cuando el dióxido de azufre y los óxidos de nitrógeno se combinan con el agua de las nubes y forman ácido sulfúrico y ácido nítrico. El viento lleva las nubes contaminadas a grandes distancias donde, al llover o nevar, esparcen estos ácidos en la superficie, causando graves daños en el ambiente, sobre todo, en bosques y lagos. Además, los ácidos corroen los monumentos y edificios de piedras calcáreas (que contienen cal u óxido de calcio) —finalizó Zotz.

—¿Cómo afecta a la Naturaleza la contaminación atmosférica? —quiso saber Tupik.

—Ha alterado los fenómenos naturales de la inversión térmica y el efecto invernadero, y también ha reducido la capa de ozono —dijo Zotz—. A continuación te lo explicaré:

Inversión térmica. Este fenómeno sucede al iniciar la mañana, especialmente en invierno, cuando una capa de aire caliente no permite que suba otra de aire frío, dejándola atrapada contra la superficie. En la Naturaleza, este hecho ocurre sin problemas; pero, en una ciudad, el aire contaminado no logra dispersarse en las alturas y puede causar grandes desastres. Tal fue el caso de Londres, Inglaterra, donde en 1952 fallecieron más de dos mil personas por estar expuestas al smog ácido durante cinco días.

Efecto invernadero. Es un fenómeno natural que tiene este nombre porque, al igual que en un invernadero, la atmósfera actúa como un cristal en el cual los rayos solares penetran para calentar la superficie terrestre. Una parte del calor se refleja y escapa al espacio. Otra parte del calor la absorben los gases atmosféricos, como el dióxido de carbono y el metano. Sin embargo, al incrementarse estos gases por la contaminación atmosférica, se da una mayor absorción de calor y aumenta la temperatura de la Tierra. El fenómeno resultante se llama calentamiento global. Se piensa que el incremento de calor creará graves alteraciones climáticas al derretir parte del hielo de los polos y elevar el nivel del mar.

Reducción de la capa de ozono. La capa de ozono absorbe la radiación ultravioleta del Sol y nos protege de sus efectos perjudiciales, como el cáncer de piel. Algunas sustancias químicas hechas por el hombre, como los clorofluorocarbonos (CFC), destruyen el ozono y han adelgazado mucho un área de esta capa sobre la Antártida, en el Polo Sur.

—¿Cómo afecta a nuestra salud la contaminación del aire? —cuestionó Tupik.

—Los más afectados son los bebés, los niños, las mujeres embarazadas, los ancianos y los enfermos del pulmón y del corazón —dijo Zotz—. Sin embargo, todas las personas se ven afectadas, principalmente en su sistema respiratorio.

”El monóxido de carbono ocasiona dolor de cabeza y problemas cardiovasculares, además de reducir la capacidad de la sangre de llevar oxígeno a las células.

”Los óxidos de nitrógeno y de azufre producen asma, bronquitis crónica e irritación de ojos, nariz y garganta.

”El ozono es una variante del oxígeno que, cuando está en la estratosfera, nos protege de la radiación solar pero, a una altura menor, afecta los tejidos animales y vegetales.

”En los espacios cerrados, como casas, oficinas o restaurantes, existe el aire confinado, donde alfombras, cortinas o aire acondicionado propician que respiremos bacterias, ácaros alergénicos o humo de cigarro, entre otros contaminantes”.

—¿Fumar contamina el aire? —preguntó Tupik.

—La persona que fuma no sólo contamina el aire que respira, sino también el de las personas que están a su alrededor. Además de mal aliento, el hábito de fumar puede causar enfisema pulmonar y cáncer de pulmón —afirmó Zotz.

—La contaminación atmosférica disminuye el crecimiento de las plantas, destruye los tejidos de sus hojas y las decolora —dijo preocupada Nikté.

—Además, disminuye la visibilidad y afea los paisajes —dijo Kin.

—Otra forma de contaminar el aire es la contaminación sonora o acústica —dijo Zotz—. Los sonidos molestos, como el de los cláxones, las motocicletas y las fiestas ruidosas, lesionan nuestros oídos. Estar expuestos continuamente al ruido puede ocasionarnos trastornos nerviosos, falta de concentración y sordera permanente.

—La contaminación no tiene fronteras —dijo Balam—. Los vientos dispersan los contaminantes por todo nuestro planeta, afectando regiones enteras. ¡Hasta se ha encontrado plomo en el pelaje de los osos polares!

Tupik se puso muy triste y comenzó a llorar.

—Bua, bua, ¡no quiero contaminarme!

—Calma, Tupik —le dijo Zotz—. Tú, por ser pequeñín y no estar contaminado, puedes enseñar a los adultos a respetar a Nuestra Madre Tierra.

—Aunque sea pequeño y travieso —dijo Tupik—, ¡quiero ir a casa y ayudar a limpiar la atmósfera!



¿Cómo cuidar el aire?
Tupik vuelve a casa

Al día siguiente, muy temprano, los karakoes llevaron la vasija, con Tupik adentro, a la cumbre de la montaña Witz para reunirlo con su familia. Recuerda que, aunque podía descender, Tupik no podía volar a grandes alturas porque era muy pequeño.

En la cima de la montaña lo esperaban sus padres, los vientos mayores, quienes, a su vez, no podían descender a las partes bajas porque, con su fuerza y tamaño, provocarían grandes destrozos en la selva.

—¡Mamá, papá, he vuelto! —exclamó Tupik. Y se abrazaron muy felices por estar juntos de nuevo.

—Queridos karakoes, muchas gracias por haber traído a mi “pequeñín” —dijo mamá Ik.

—Estoy seguro de que esta aventura te ha enseñado muchas ecolecciones inspiradoras —dijo papá Ik.

—Así es, papá —contestó Tupik—. Ahora sé que el aire es esencial para la vida. Por eso, ¡quiero cuidarlo desde pequeño!

—Muy bien —dijo mamá Ik—. Ya que conocemos su importancia, cantemos y practiquemos, con nuestros familiares y amigos, trece maneras de proteger el aire:

1. Evita usar el coche en viajes cortos o cuando no sea necesario. Siempre que sea posible, utiliza el transporte público, la bicicleta o camina a los lugares cercanos.

2. Prefiere tener un auto pequeño de cuatro cilindros, porque gasta menos gasolina. Mándalo afinar y verificar en el tiempo indicado y respeta las restricciones vehiculares.

3. Comparte tu auto con vecinos o amigos que vayan por la misma ruta o al mismo sitio.

4. No estaciones tu auto en doble fila, porque entorpece el tráfico y aumenta la contaminación. Apréndete y cumple el reglamento de tránsito.

5. Planea tus salidas para llegar tranquilamente a tu destino. Al manejar sin prisa, reducirás el consumo de gasolina y el riesgo de sufrir accidentes.

6. Mantén limpios y en buen estado estufa, calentador y su tubería, para que consuman menos gas y no tengan fugas. Si sales de viaje, apágalos y cierra sus llaves de paso.

7. Conservemos limpios nuestros hogares, para no usar insecticidas ni venenos. Recuerda que cucarachas, hormigas y ratas buscan su alimento en los lugares sucios.

8. Para no arrojar clorofluorocarbonos (CFC) a la atmósfera, evita en lo posible usar el aire acondicionado del automóvil; no adquieras productos de unicel, porque al fabricarse generan estos gases; y compra sólo aerosoles que indican específicamente que no dañan la capa de ozono.

9. Si alguien fuma cerca de ti, solicítale que no lo haga o aléjate, porque te obliga a respirar aire contaminado.

10. No quemes hojas, basura u otro material, ya que su combustión contamina la atmósfera. Tampoco acumules basura en espacios abiertos, porque produce malos olores.

11. Siembra un árbol y cuídalo mucho. Juntos ayudarán a mejorar la calidad del aire. Y si plantamos árboles en calles de mucho tránsito, además de generar oxígeno, reducirán los ruidos molestos.

12. Para cuidar tus oídos, evita el uso de audífonos, accionar el claxon innecesariamente o escuchar música con el volumen muy alto. Toma en cuenta el ruido que haces y cómo afecta a los demás.

13. Exige que todas las acciones del gobierno y las industrias estén dirigidas a proteger y respetar el ambiente. Ningún interés económico es más importante que nuestra salud y la de Nuestra Madre Tierra.

—Adiós, familia Ik, siempre los respira… digo, recordaremos —dijeron los karakoes y regresaron muy contentos a la selva.

Ahora sabes que si el viento te vuela algo o hace alguna travesura, es porque Tupik está cerca de ti.
¡Nos vemos en la próxima eco-aventura!

viernes, 10 de octubre de 2014

El regalo de Chak

The Gift of Chak
The Gift of Chak

EL REGALO DE CHAK -ECOLECCIONES DEL AGUA-
Autor del texto e ilustraciones: Rolando Tamayo Rodríguez

Derechos Reservados © 2004, Rolando Tamayo Rodríguez.

Queda estrictamente prohibida, sin autorización escrita del titular del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento.



¿Qué es el agua?
La serpiente de cristal

Hola, amigos. Soy Pek, un karakoe que antes no lo era. Yo me llamaba Manolín y era un perro mastín español. Vine con mis dueños desde un lejano lugar. Cuando llegamos a estas tierras, mis amos querían que mordiera a otros seres humanos que tenían la piel morena y que se adornaban con plumas de bonitos colores. A mí no me gustaba hacer eso, y los amos se enojaban mucho conmigo porque no les obedecía. Un día me llevaron a conocer la selva y desaparecieron de repente. Los busqué por todas partes sin poder hallarlos. Cuando me di cuenta, estaba perdido en un lugar que no conocía. Pero no tenía miedo. Me sentía libre y feliz de ver tantas cosas bellas.

Hacía mucho calor y, después de tanto caminar, estaba muy cansado y sediento. Entonces, comencé a escuchar un sonido muy agradable y me dirigí hacia él. Tenía que separar grandes hojas para poder avanzar y con frecuencia me atoraba con las lianas. Cada vez lo oía más cerca, cuando de pronto... ¡una gran serpiente, como de cristal, se movía sin detenerse ante mi presencia! “¿De qué estará hecha?”, pensé.

—Unos le llaman Ja’, otros le llaman agua —se oyó de repente, como si alguien escuchara mis pensamientos.

—¿Quié... quién anda por ahí? —ladré sorprendido. Sólo se oían alegres risotadas que surgían de entre los bejucos. Luego salieron varios seres de aspecto muy amigable.

—No temas, Manolín, somos los karakoes —contestaron.

—Somos los guardianes de Nuestra Madre Tierra —dijo uno de color rojo.

—Oímos tus pensamientos y sabemos que tienes mucha sed. Por eso llamamos a la serpiente de cristal —agregó otro, de color amarillo.

Así conocí a Balam, el jaguar, y a Kin, el águila arpía. Corría el año 1511, y desde entonces somos grandes amigos.

—La serpiente de cristal es un arroyo que desea calmar tu sed con sus transparentes aguas —dijo Nikté, la orquídea.

Pero el agua era de color verde... ¿estaría echada a perder?

—Tranquilo, Manolín —dijo Yax, la rana—. Aunque veas un arroyo o un río de color verde, toma esa agua entre tus patas y comprueba que no tiene color, olor ni sabor.

Después de comprobar que era incolora, inodora e insípida, bebí toda el agua que pude. Pero aún no sabía de qué estaba hecha...

Entonces Yax, la rana, nos pidió que nos metiéramos al arroyo.

Los karakoes se subieron sobre mi lomo y nos fuimos haciendo tan pequeños que éramos invisibles. Yo estaba maravillado de ver tantas pelotas girando a mi alrededor.

—Son moléculas de agua —dijo Yax—. Cada molécula está formada por dos átomos de hidrógeno y un átomo de oxígeno. Por eso la representamos con la fórmula H2O, en la cual H es el símbolo del átomo de hidrógeno; y O, el del oxígeno.

Luego de conocer la molécula del agua, volvimos a la orilla del riachuelo, y a nuestro tamaño normal. Yax continuó explicando:

—En la Naturaleza, el agua tiene tres estados diferentes: líquido, sólido y gaseoso. Es la temperatura lo que transforma el agua de un estado a otro: si sometemos el agua a una temperatura de cero grados centígrados (0° C), se convierte en hielo (estado sólido). Este proceso se llama congelación. Si exponemos el agua a una temperatura de cien grados centígrados (100º C), hierve y se transforma en vapor (estado gaseoso). Este proceso se llama ebullición.

—El agua en estado líquido no tiene una forma definida. Por eso toma la forma del recipiente que la contiene —dijo Nikté, al tiempo que mostraba un vaso lleno de agua.

—El vapor tampoco tiene forma definida. En cambio, al congelarse, el agua adquiere una forma determinada —aclaró Yax, mostrando un cubito de hielo.

—Además, en el agua se pueden disolver casi todas las sustancias —dijo Balam, enseñándome cómo disolvía tierra en agua sobre una piedra, dejándola cubierta de lodo.

—Por si fuera poco, el agua también es la mejor sustancia para limpiar todo tipo de objetos y superficies —dijo Kin, al momento en que removía con agua el lodo de la piedra, dejándola limpia y brillante.

—Muchas gracias, amigos, por enseñarme qué es el agua. Pero si en mi camino me da más sed, ¿dónde puedo encontrar otras serpientes de cristal?



¿Dónde está el agua?
El llamado de Chak

—Para explicarnos dónde vive Ja’, el agua, no hay nadie mejor que Chak —dijo Yax, y comenzó a tocar una dulce melodía con su flauta de carrizo.

Al momento, de entre las aguas del arroyo, emergió un ser fabuloso. ¡Era Chak, el espíritu del agua!

—Me encantan las melodías que tocas para llamarme, porque me llenan de burbujas la cabeza —dijo Chak.

—Deseamos presentarte a Manolín, un perro muy amistoso —dijo Yax.

Manolín quiere viajar por el mundo —agregó Kin—. Necesita saber dónde hay más agua, por si le da sed de tanto caminar.

—Con gusto le explicaré a Manolín todo lo que quiera saber sobre el agua —dijo Chak, y comenzó su lección—: Ja’, el agua, es la sustancia más abundante sobre nuestro planeta. Su cantidad se estima en 1,400 millones de kilómetros cúbicos, que cubren casi el 70% de la superficie de la Tierra. De esta agua, 97% es salada y se halla en mares y océanos. El tres por ciento restante es agua dulce, pero la mayor parte está congelada en las cumbres nevadas y en los polos Norte y Sur. Sólo uno por ciento es agua dulce líquida, como la serpiente de cristal, y una pequeñísima porción se encuentra en forma de vapor de agua, suspendida en la atmósfera.

Sin embargo, yo no entendía muy bien eso de los porcentajes.

—Si vaciáramos en 100 vasos toda el agua de la Tierra, 97 serían de agua salada; dos, de hielo; y sólo un vaso de agua dulce líquida, que es la que necesitamos para beber —explicó Yax.

—¿Las aguas saladas tienen sal y las dulces, azúcar? —pregunté.

—Muy bien, Manolín. Acertaste en tu primera deducción —afirmó Chak—. Se les llama aguas saladas porque tienen muchas sales minerales, como el cloruro de sodio que es la sal común. Recuerda que las aguas saladas están en los mares y los océanos, y no son para beber —continuó Chak.

—¿Y por qué se les llama aguas dulces a las otras? —insistí.

—Aunque no saben a dulce, se les llama así para indicar que son aguas potables, es decir, que se pueden beber. Son incoloras, inodoras e insípidas. Dejan una sensación fresca y agradable, y tienen pocas sales minerales —añadió Chak—. El agua es potable cuando está libre de gérmenes y de sustancias químicas dañinas. Las aguas dulces están en ríos, lagos, lagunas, arroyos y manantiales. Pero también existen algunos ríos y lagos cuyas aguas son saladas. Esto se debe a la acumulación de sales disueltas en ellas, provenientes de los minerales que hay en los suelos.

—Chak, tú nos has enseñado que hay aguas dulces y saladas. También dónde se encuentran, pero ahora Manolín tiene otra duda —dijo Kin.

—Sí, Chak —corroboré—. Me gustaría saber de dónde vienes, ¿cuál es el origen del agua?



¿De dónde viene el agua?
La transformación

—Me agrada tu curiosidad, Manolín, porque te permitirá aprender mucho sobre el agua —dijo Chak, y entonces comenzó a contarnos acerca de su origen:

Ja’, el agua, fue creada cuando el hidrógeno, el elemento más antiguo y abundante del Universo, se unió al oxígeno de las estrellas. Vine a la Tierra hace muchos millones de años, cuando estaba compuesta de gases y magma. Los gases expulsados por los volcanes contenían vapor de agua, el cual se depositó en la atmósfera. Al enfriarse la Tierra, el vapor de agua se condensó y formó nubes; después se precipitó a la superficie en forma de lluvia. Así comenzó el ciclo del agua. La lluvia formó los mares y océanos, en donde después surgió la vida. Desde entonces, el agua ha circulado una y otra vez en nuestro planeta. El ciclo del agua la purifica constantemente.

—¿Qué es el ciclo del agua? —pregunté.

—¡Qué bueno que lo preguntas, porque vamos a emprender un gran viaje! —exclamó Chak.

—¡Yupi! —gritaron Nikté, Yax, Kin y Balam, brincando de gusto.

Entonces, Chak comenzó a evaporarse y se transformó en una gran nube. Nos subimos en él y comenzamos a volar por los cielos.

—Queridos amigos, pongan mucha atención porque vamos a conocer el ciclo del agua, o ciclo hidrológico, como también le podemos llamar —dijo Chak.
  • El calor del sol hace que el agua se evapore y forme parte de la atmósfera. Cuando el vapor de agua entra en contacto con las capas frías de aire, se condensa en pequeñas gotitas y forma nubes que son impulsadas por el viento a distintas partes de la atmósfera.
  • A cierta altura, la temperatura de la atmósfera desciende y las gotas que forman las nubes llegan a ser tan grandes que caen por su peso hacia la superficie terrestre en forma de lluvia, granizo o nieve.
  • Una parte de esa agua la toman los animales y las plantas, y la devuelven a la atmósfera en forma de sudor o de vapor de agua.
  • Otra parte de esa agua se filtra en el suelo para formar manantiales y mantos freáticos. Éstas son las aguas subterráneas.
  • La mayor parte del agua proveniente de manantiales y del escurrimiento superficial de la lluvia forma arroyos. La confluencia de varios arroyos crea los ríos, que desembocan en lagos y mares. Éstas son las aguas superficiales.
  • El agua de plantas, manantiales, ríos, lagos y mares se evaporará de nuevo, y de la atmósfera volverá a la superficie terrestre en forma de lluvia, granizo o nieve, en un ciclo sin fin.

—Cuando llueva, nunca se refugien debajo de un árbol ni sujeten objetos metálicos, porque atraen a los rayos —nos recomendó Chak—. Los rayos son descargas eléctricas muy fuertes que nos pueden dañar.

Ahí estábamos, viendo cómo dejaba de llover y comenzaba a brillar el Sol de la tarde, cuando de repente descubrimos en el cielo un gran arco de bonitos y brillantes colores.

—Eso que ven a lo lejos es el arco iris —dijo Chak—. La luz del sol, aunque nos parezca blanca, está compuesta por siete colores: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, índigo y violeta. Cuando la luz blanca del sol pasa a través de las nubes y de las pequeñas gotas de agua que flotan en el aire después de la lluvia, se descompone en las siete franjas de luz coloreada que forman el bello arco iris.

”Recuerden que, para poder ver el arco iris, debemos colocarnos de espaldas al Sol y mirar hacia las nubes de lluvia”.

Estaba feliz pues había entendido por qué se le llama “ciclo del agua”. El agua se transforma para ir de la superficie de la Tierra a la atmósfera, y de nuevo regresa a la superficie en un viaje que nunca termina.

Pero también estaba triste porque mi viaje había terminado, y quizá nunca volvería a ver a Chak y a los karakoes. Comencé a llorar y empezó a llover de nuevo.

—No estés triste, Manolín. ¡Tu viaje apenas inicia! —me dijo Nikté, para invitarme a acompañarlos en sus eco-aventuras.

—Eres valiente y te has ganado tu libertad —dijo Balam.

—Te gusta conocer la razón de las cosas —agregó Yax.

—Y luchas por un mundo mejor, ¡como un karakoe! —dijo Kin.

—Estoy de acuerdo —dijo Chak—. Manolín puede ser un karakoe.

—Me gustaría mucho ser un karakoe, pero también seguir siendo un perro —dije.

—Así será, Manolín —exclamó Chak—. Eres transparente como el agua. ¡Y, como el agua, te transformarás!

Como por arte de magia, dejó de llover y el arco iris se posó sobre mí, transformándome en un karakoe. Por eso ahora me llamo Pek, que significa “perro” en lengua maya yucateca.



¿Para qué nos sirve el agua?
Ja’, el regalo de Chak

Ahora, en este siglo, recordemos que el agua es necesaria para todos los seres vivos porque forma gran parte de su cuerpo.

—Un pez tiene 80% de agua en su cuerpo; una mazorca de maíz, 70%; un tomate, 95%; y una sandía, 97% —dijo Kin.

—El agua es la sustancia más abundante en el cuerpo humano —dijo Nikté, la orquídea—. El 80% del cuerpo de un bebé está formado por agua. Conforme va creciendo, el agua de su cuerpo disminuye hasta llegar a 60% en un hombre adulto y a 52% en una mujer adulta. La mujer tiene menor cantidad de agua porque posee más tejido adiposo (grasa) y menos masa muscular que el hombre. El porcentaje de agua sigue reduciéndose con la edad; por eso es menor en personas de edad avanzada.

—Estoy muy contento de que Pek haya aprendido tanto sobre el agua —dijo Chak.

—Todos nuestros procesos biológicos requieren agua —comenté.

—Las lágrimas humedecen nuestros ojos para lubricarlos y evitar que se irriten con las partículas que viajan en el aire, y la saliva moja nuestro alimento para que podamos ingerirlo.

—Pero también perdemos mucha agua —dijo Balam—. Al respirar, exhalamos vapor de agua por la nariz y la boca; al sudar eliminamos sustancias nocivas para nuestro cuerpo, y al orinar expulsamos gran cantidad de toxinas.

—Nuestro cuerpo pierde más de 2 litros de agua al día para realizar estas funciones. Por eso, para compensar esta pérdida debemos tomar mucha agua —aclaró Yax—. El ser humano puede sobrevivir algunas semanas sin alimento, pero sólo unos cuantos días sin agua.

—A ver, ¿quién responde esta pregunta? —dijo Chak—: ¿De qué maneras nuestro cuerpo nos avisa que necesita agua?

—Cuando tenemos sed y nuestra saliva está espesa —contestó Nikté.

—Cuando nuestra orina es de color amarillo intenso —dijo Kin.

—También cuando padecemos estreñimiento —agregué.

—¿Qué podemos hacer para reponer esa agua? —preguntó entonces Chak.

—¡Tomar ocho vasos de agua al día! —se adelantó Balam.

—Comer frutas, verduras y hortalizas frescas, porque contienen gran cantidad de agua —agregó Nikté.

—Veamos de qué otras maneras se utiliza el agua —propuso Chak, y fuimos volando sobre la ciudad y sus alrededores.

—Miren: el agua es indispensable en el hogar para preparar alimentos y realizar labores de limpieza —dijo Nikté.

—En el campo sirve para regar los cultivos —dijo Yax.

—En la industria, el agua se utiliza en infinidad de procesos para la fabricación de productos, como alimentos en conserva, bebidas y pinturas —concluyó Balam.

—El agua de los ríos se concentra en presas hidroeléctricas, donde se genera la electricidad necesaria para iluminar nuestra habitación, ver la televisión y usar la computadora —apuntó Kin.

—Además, el agua es imprescindible para nuestro baño diario, para desarrollar algunas actividades deportivas y recreativas, y para apagar incendios —concluí.

—Qué bien —dijo Chak—. ¡Ahora ustedes me han enseñado muchas cosas a mí! ¡Ja, ja, ja!

—Oye, Chak, si los habitantes de las ciudades necesitan agua, ¿cómo les llega Ja’, el agua, a sus casas?



¿Cómo llega el agua a las ciudades?
Ja’, el agua, pasa por mi casa...

Chak comenzó a explicarnos:

—Las grandes ciudades se abastecen principalmente de las aguas superficiales, como ríos y lagos. Pero también de las aguas subterráneas de los manantiales y de los pozos que se perforan donde no hay ríos ni lagos.

—Sin embargo, los seres humanos han contaminado tanto estas aguas, que deben recibir un tratamiento de purificación en una planta potabilizadora —añadió Yax.

—¿Por qué es necesario purificar el agua? —pregunté.

—Para eliminar los microorganismos y sustancias químicas que causan enfermedades —contestó Yax.

—Y para que no tenga color, olor ni sabor desagradables, de modo que la podamos beber —añadió Nikté.

—¿Cómo se distribuye el agua potable? —volví a preguntar.

—De la planta potabilizadora, el agua pasa a los tanques de almacenamiento —me explicó Chak—. Luego, se envía a una red de distribución, formada por tuberías que están debajo de la tierra y que llevan el agua hasta las casas, comercios o industrias.

”En los hogares, el agua se almacena en tinacos y cisternas para repartirla a todas las tomas de agua que hay dentro de la casa, como la cocina, el baño o el lugar de lavado.

”Una vez que se ha utilizado el agua, se vierten los desechos en las coladeras. De ahí, se conducen al sistema de alcantarillado, llamado también drenaje sanitario, que deposita las aguas residuales en los ríos de aguas negras. Algunas ciudades cuentan con plantas de tratamiento de aguas residuales, donde las aguas del drenaje sanitario se limpian lo mejor posible para ser devueltas a represas o plantas potabilizadoras”.

—En las ciudades casi no hay ríos y los pocos que quedan están muy sucios. Chak, quiero saber por qué ahí Ja’, el agua, ya no es transparente.



¿Por qué se contamina el agua?
La enfermedad de Ja’

—Los habitantes de las ciudades no han aprovechado los ríos sólo para obtener agua y alimento. También los han empleado para deshacerse de sus desperdicios, convirtiéndolos en ríos de aguas negras —dijo Chak.

—¿Aguas negras?, ¿qué es eso? —pregunté.

—Se les llama aguas negras porque están contaminadas con desechos orgánicos y sustancias químicas provenientes de los drenajes o de las industrias —explicó Kin.

—Los desechos orgánicos son restos de materia orgánica, como verdura, carne, papel o excremento —agregó Balam.

—Muchos microorganismos, como las bacterias, se alimentan de estos desechos, pero al descomponerlos consumen mucho oxígeno. Esto causa la falta de oxígeno en el agua y la proliferación de microorganismos que transmiten enfermedades.

”Sustancias químicas como el aceite y el petróleo, y metales como el plomo y el mercurio contaminan los ríos, lagos y mares. Los fertilizantes y plaguicidas se filtran por los suelos y contaminan los mantos freáticos —dijo Nikté.

—Las sustancias químicas que desechan las industrias no pueden ser desintegradas por los microorganismos. Este tipo de contaminación mata a los animales, plantas y seres microscópicos que viven en el agua —dijo Balam.

—Tengan mucho cuidado con las aguas negras —dijo Yax—. Son fuente de enfermedades como el cólera, la disentería amibiana, la hepatitis infecciosa, la fiebre tifoidea y la salmonelosis.

—¿Por qué se contraen estas enfermedades? —cuestioné.

—Por beber o bañarse con agua contaminada, por no lavarnos las manos antes de comer y después de ir al baño, y por comer alimentos contaminados —me aclaró Yax.

—¿Qué debemos hacer para no contagiarnos? —pregunté alarmado.

—Lavarnos bien las manos con agua limpia y jabón antes de cada comida. Beber sólo agua potable. Si no estamos seguros de que el agua es potable, debemos hervirla o agregarle unas gotas de cloro para desinfectarla. Lavar muy bien frutas y verduras con agua potable. Lavarnos los dientes con agua potable y mantener buenos hábitos de higiene —explicó Chak.

”El hombre ha contaminado mucho la Naturaleza con sus actos. Mis primos, los ríos y los mares, han enfermado gravemente y ya no pueden ser el hogar de muchos seres vivos. ¡Debemos impedir la contaminación del agua y de toda la Naturaleza!”



¿Cómo cuidar el agua?
Protegiendo a Ja’

—El agua es uno de los regalos más valiosos que nos ha dado la Naturaleza. ¡Tratémosla con mucho cariño! —dijo Chak.

—Recuerda que el agua dulce es la porción más pequeña del agua de nuestro planeta. Si la contaminamos, ¡no tendremos agua para beber! —exclamó Nikté, muy alarmada.

—El agua dulce la utilizamos todos los días. Una persona requiere diariamente de unos ochenta litros para satisfacer sus necesidades personales y del hogar —dijo Kin.

—¿Sabían que en Kenia mucha gente vive con sólo cinco litros diarios de agua? —nos hizo saber Yax.

—Sin embargo, en Estados Unidos una persona consume, en promedio, ¡mil litros de agua al día! Y gran parte de esa agua se usa para regar el césped y lavar los coches —dijo Balam, muy enojado.

Querido amigo, promueve el uso adecuado del agua en tu casa y en la de tus familiares. Para esto, apréndete muy bien los trece sencillos consejos que Chak nos brinda:

1. Utiliza sólo el agua estrictamente necesaria. Cierra la llave mientras te enjabonas (al bañarte o lavarte las manos) o tallas la ropa y los trastes, para que no se desperdicie. Al lavarte los dientes, un vaso de agua es suficiente para enjuagarte la boca y limpiar tu cepillo.

2. No permitas que en tu casa se limpie el patio, el coche o la banqueta con el chorro de agua de la manguera.

3. Dile a tu mamá, o a la persona que haga la comida, que no tire el agua que utilizó para cocer vegetales. Con esta agua puede preparar sopas más nutritivas y con mejor sabor.

4. Revisa periódicamente las tuberías y las llaves del agua para evitar que haya fugas o goteras. Al caer sólo una gota de agua por segundo, se desperdician 30 litros de agua en un día.

5. Procura bañarte con regaderas ecológicas, porque vierten un chorro menor. Además, puedes detener o reactivar el flujo de agua sin tener que abrir nuevamente la llave y esperar a que se caliente. Así ahorrarás agua y el gas que utiliza el calentador.

6. Pon una cubeta bajo la regadera mientras sale el agua caliente. Con esta agua puedes regar tus plantas, trapear o vaciarla en el excusado.

7. Deposita una botella llena de arena, bien cerrada, en el tanque del excusado. Así, cada vez que bajes la palanca ahorrarás el volumen de agua que ocupa la botella.

8. Cuando llueva, coloca recipientes limpios para recoger el agua. Ésta sirve para regar las plantas, trapear y lavar la ropa.

9. Riega las plantas al atardecer o en la noche. Si riegas el jardín durante el día, el agua se evapora rápidamente y las plantas no pueden aprovecharla. Además, los rayos del sol con el agua queman las hojas de las plantas.

10. Promueve que en tu casa se utilicen detergentes biodegradables (sin fosfatos) y fertilizantes naturales, para no contaminar los mantos acuíferos.

11. No arrojes al desagüe materiales sólidos no degradables (plástico, vidrio y latas, entre otros), porque tapan los drenajes. Además, cuando llegan a los lagos y los ríos, los contaminan.

12. Nunca tires al desagüe sustancias químicas (pinturas, solventes, medicinas y demás), porque al llegar a los lagos y a los ríos contaminan y matan a los seres vivos que hay en ellos.

13. Reporta a las autoridades cualquier fuga de agua que veas en las calles, para que pronto sea reparada. Éste es nuestro deber como ciudadanos.

Gracias, Chak. Tus ecolecciones nos serán de mucha utilidad para recordarles a nuestros familiares, amigos y gobernantes la importancia de Ja’, el agua, en nuestro hermoso planeta.
¡Nos vemos en la próxima eco-aventura!